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¿Comunistas o anarquistas?

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“No es solamente en sus respuestas, sino en las propias preguntas donde había una mistificación”

(K. Marx, “La ideología alemana”)

No queremos alistarnos a ningún catecismo sea del tipo que sea. Esto no significa que rechacemos la necesidad de dotarnos de una teoría revolucionaria que guíe y beba de nuestra práctica. Más bien al contrario, creemos que una de las cosas que nos ha llevado al punto actual es una falta de análisis y de teoría que se ha intentado compensar, en vano, con un exceso de activismo. En muchos casos, los esfuerzos necesarios para dotarnos de esta teoría han sido despreciados como “cosas de intelectuales” dejándolos precisamente en manos de éstos. Se desprecia así toda la tradición de autoeducación y autoformación de los explotados que va desde los que leían a los demás en las fábricas, a los ateneos libertarios. El intelectual, como cualquier especialista, no deja de ser la personificación de una visión de la realidad que pretende que teoría y práctica pueden desarrollarse separadas. Nada más lejos de la realidad. Es necesario que empecemos a construir nuestro arsenal teórico para tener una práctica efectiva que nos anime y no un vagar titubeante que nos frustre.

Es en este sentido en el que nos negamos a etiquetarnos como comunistas o anarquistas, como si colgarnos un cartelito nos convirtiera en poseedores o guardianes de cualquier ortodoxia. Pretendemos ser revolucionarios, queremos acabar con el capitalismo y eso no se consigue simplemente llamándose de una forma u otra, como quien invoca un extraño conjuro. Para ser revolucionario hay que desarrollar una teoría revolucionaria, y llevarla a la práctica.

 

Rechazar etiquetarnos no significa que veamos necesario empezar de cero. Debemos recuperar críticamente toda la experiencia histórica de la lucha contra la dominación. Sacar las lecciones válidas para avanzar hoy, sin pretender aplicar mecánicamente esquemas que si tuvieron su momento no se adaptan a la realidad actual. Pero, repetimos, este trabajo no puede ir desligado de una intervención material en la realidad.

 

Entendemos que “el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual.” Y es hacia la construcción de ese movimiento hacia donde dirigimos nuestros esfuerzos. Ese movimiento no puede ser más que una anticipación de la sociedad a la que aspiramos. Un movimiento en el que nos organicemos horizontalmente, sin intermediarios, con delegados revocables. Donde todos decidamos las tareas y asumamos las responsabilidades que implican. Luchando contra las imposiciones y el condicionamiento ideológico de esta sociedad: el machismo, la indecisión, la baja autoestima, etc. Esto no implica aislarse del resto del mundo, sino al contrario proyectarse en él a través de la solidaridad y la reciprocidad. No somos cristianos. No ofrecemos caridad, sino nuestra solidaridad como explotados y sólo esperamos lo mismo a cambio. Si aún pensamos que “no puede combatirse la alienación bajo formas alienadas” es porque sabemos que te conviertes en lo que haces. Si queremos llegar a una sociedad igualitaria gestionada colectivamente sólo lo haremos a través de un movimiento que actúe hoy de la forma más parecida posible.

 

Entendemos que años y años de grupúsculos leninistas, estalinistas, maoístas, aarghhh... hacen que a la gente le chirríe la palabra comunismo pero no estamos dispuestos a dejar que estos asquerosos falsifiquen la historia con su ideología barata.

 

Lo mismo decimos de la anarquía, “...guárdese bien de creer que la Anarquía es un dogma, una doctrina inatacable, indiscutible, venerada por sus adeptos como el Corán por los musulmanes. No. La libertad absoluta que reivindicamos desarrolla sin cesar nuestras ideas, las eleva sobre horizontes nuevos (de acuerdo con el cerebro de los diferentes individuos) y las saca de los estrechos marcos de toda reglamentación y codificación” (Emile Henry en una carta al director de su prisión). Curiosamente, a pesar de años de anarquistas de biblioteca, costras y guardianes de ortodoxias y momias varias a nadie parece chirriarle tanto la palabra anarquía.

 

Publicado en Ruptura, nº2.

Actualizau el Xueves, 04 de Febreru de 2010, a les 14:23  

“...”

"Si los trabajadores del siglo XIX hubiesen sido razonables, si hubiesen comprendido las razones de las respectivas industrias nacionales para ser competitivas en el extranjero, hoy continuaría aún el trabajo de los niños en las fábricas y las jornadas de dieciséis horas."

Bernard Shaw