La epidemia de rabia en España (1996-2007)
Vienres, 07 de Xineru de 2011, a les 00:07
Pagorru
Balance de la irrupción en España del insurrecionalismo a cargo de los Tigres de Sutullena. Se analiza la radicalización de una parte del movimiento juvenil por las rupturas, por un lado, con el movimiento libertario "oficial" y, por el otro, con el mundillo de la contestación juvenil, a raíz del malogrado atraco de Córdoba de diciembre de 1996 protagonizado por cuatro militantes anarquistas.
La primera parte fue publicada en el nº4 de la revista Resquicios, y la segunda en el nº5 de la misma publicación. El balance queda inconcluso: la tercera parte por el momento no ha sido publicada en ningún soporte, y Resquicios ha desaparecido del panorama editorial.
Digitalización: Czolgosz.
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QUE NOS QUITEN LO BAILAO (PRESENTACIÓN)
Créame usted que tal como operamos nosotros, al margen de la ley, todo lo que no sea la más estricta honradez podría traernos fatales consecuencias.
Jack London, Asesinatos S.L.
Desde hace tiempo, algunos compañeros sentimos la necesidad de hacer balance de la experiencia acumulada en el Estado español por sectores de militantes anarquistas, comunistas y autónomos, que durante un cierto tiempo confluyeron en torno a una cierta idea «insurreccional». Esta necesidad nace de dos circunstancias. La primera de ellas es la evidencia de que se ha cerrado una etapa. No estamos en el mismo punto que hace diez años —ni siquiera cinco—, y queremos sacar las conclusiones pertinentes para afrontar mejor batallas que no están en un futuro brumoso, sino que ya se nos están echando encima. Para ello es imprescindible abrir un debate, o al menos provocar una reflexión.
La segunda circunstancia que nos empuja a escribir es el absoluto desconocimiento de los hechos de los últimos diez años por parte de las nuevas generaciones de compañeros. Sobre este desconocimiento hay que decir que se debe en gran parte al grado de incomunicación internáutica que se ha impuesto entre nosotros, sustituyendo casi por completo al contacto y conocimiento directos. Pero da también la medida de nuestro fracaso en levantar referentes con los que estos compañeros pudieran sentirse identificados: proyectos de lucha y polos de agregación que hubieran dado continuidad y profundidad a un esfuerzo combativo que no fue pequeño.
Ese fracaso es el de lo que durante un tiempo se dio en llamar «organización informal», y con la perspectiva que dan los años nos damos cuenta de que era un fracaso inscrito en los mismos presupuestos de los que partíamos. A pesar de ello, no lamentamos nada, no creemos haber perdido el tiempo ni que lo hayan perdido nuestros compañeros. Hoy es muy fácil contemplar un montón de cenizas y decir que «todo fue un error», que al personal simplemente «se le fue la olla». Esta falsa crítica olvida, por interés o por ignorancia, los condicionantes que operaban entonces. Nos devuelve al punto de partida —a las plomizas ilusiones del anarquismo oficial o a la alegre inconsciencia del antagonismo juvenil—, y por lo tanto prepara el terreno para que todo vuelva a repetirse en un plazo indeterminado, dentro de ese «tiempo cíclico» tan característico de los entornos políticos puestos al abrigo de la historia.
Mucho más difícil, e incómodo para todo el mundo, es ensayar un análisis dialéctico de lo ocurrido. Las condiciones de las que partíamos no dejaban otra salida que la que afortunadamente se produjo. La epidemia de rabia no fue otra moda estética/ideológica del gueto: todas las hipótesis que se formularon por entonces fueron puestas a prueba hasta las últimas consecuencias. Aunque los resultados fueran a menudo desastrosos, ahí se funda una experiencia colectiva digna de tal nombre, y por eso mismo es posible la autocrítica.
En cuanto a resultados positivos, están lejos del maximalismo que llegó a enajenarnos en tantas ocasiones, pero están ahí. Estos años han permitido superar definitivamente dos décadas de inercia y parálisis del movimiento libertario de las que fuimos involuntarios herederos. Pero sobre todo han servido para volver a poner sobre la mesa cuestiones centrales como la revolución o la organización; y no como inertes certezas ideológicas, sino como problemas vivos, complejos, dinámicos. Estos resultados, quizá pequeños en lo inmediato pero cualitativamente importantes por las posibilidades que abren, han tenido también un coste trágico que han pagado aquellos compañeros que fueron y son blanco de la represión. A ellos dedicamos estas páginas.
Hemos de señalar que este escrito no pretende zanjar nada, sino hacer una contribución ajustada a lo que hemos visto, vivido y pensado en todo este tiempo. Más que hablar ex cathedra o ir con «nuestra opinión» por delante, lo que nos parecía prioritario era reconstruir esta historia lo mejor posible, intentar una visión panorámica. Y eso no puede hacerse simplemente a golpe de cronología ni desempolvando batallitas: es necesario juzgar qué hechos fueron más importantes y qué otros lo fueron menos, y aventurar hipótesis explicativas de por qué ciertas cosas han sucedido así y no de otra manera. En este proceso el texto adquiere, como es evidente, un sesgo subjetivo del que no nos avergonzamos: para dar una visión objetiva de las cosas ya están el telediario y la prensa diaria.
Por lo demás era imposible hacer este trabajo sin llegar a ninguna conclusión, y alguna que otra hemos sacado, aunque nunca faltará quien nos las discuta. Así sea.