En el anterior número hicimos referencia a unos sucesos acontecidos a principios de enero de 2010 en una comarca minera y rural de Asturias, un lugar que aúna literalmente todos los estereotipos atribuidos por la mitología obrerista a Asturias: Degaña. Pues contrariamente a lo que sucede en otras comarcas mineras de Asturias, donde el proletariado sociológico desclasado vive de las pensiones y de la distribución de drogas, en Degaña la actividad minera sigue siendo significativa e incluso lo es la ganadera. Los burgueses dominantes siguen siendo patrones privados y no los funcionarios sindicalistas. En ese lugar siguen existiendo lo que la burguesía calificó y califica de “proletarios” (léase lúmpenes) sociológicos y todo, cobrando 700 euros al mes en las minas, gastándoselos casi en su totalidad en alcohol y putas como los “lúmpenes sociológicos” históricos en muchos casos. Bueno, esta descripción debería extenderse a toda la zona del Bierzo y Degaña. Y a pesar de todo y gracias a algunas cosas, sigue habiendo guerra de clases. Los métodos represivos en esta zona no dejan lugar a dudas de que existe una conciencia proletaria en algunos aspectos casi cualitativamente mayor que en otras zonas de Asturias, aunque sea con muchas debilidades, contradicciones y cortapisas ideológicas desde varios niveles y presente problemas cuantitativos. Lo que sucedió el 5 de enero pasado en una presunta cabalgata de reyes, incluyendo un arresto y una posterior concentración en torno al cuartel de la Guardia Civil del municipio no es más que una muestra de la resistencia proletaria al exterminio burgués del proletariado subempleado. Este incidente estuvo motivado por otros acontecimientos anteriores y en general por una evolución de la estrategia liquidacionista del proletariado en Asturias en esa zona, provocada por la actitud recalcitrante de algunos sectores del mismo. Es esta actitud recalcitrante, hostil a la política general de anulación de los proletarios a través del ocio o la ingeniería social, que no valora positivamente la libertad para reventar bebiendo, drogándose y fornicando en los burdeles del patrón y la vida cómoda en casa de los padres; ni siquiera la libertad de desfasar con el coche y atropellar mortalmente a gente o pegarle un tiro a alguien por drogas o porque sí.





